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CON EL ESTATUTO BAJO EL BRAZO

¿Club de fútbol o club con fútbol?

 Durante el entretiempo del partido frente a Quilmes hubo un reconocimiento al plantel de futsal masculino por su regreso a las competencias de AFA, y recibió el aplauso genuino de socios e hinchas presentes.

No fue un hecho aislado. En fechas anteriores hubo reconocimientos al fútbol amateur por su gran desempeño en la Liga Santander, al fútbol femenino, al futsal femenino, al patín. Distintas disciplinas, distintos protagonistas, pero una misma respuesta: la aceptación y el acompañamiento del público.

Entonces, vale hacerse una pregunta incómoda pero necesaria: ¿sigue siendo Almagro únicamente un club de fútbol?

Durante años se instaló que lo único que importa es el fútbol profesional masculino. Ese discurso no es casual: responde a una lógica histórica, económica y cultural donde el fútbol es el principal sostén del club. Y lo sigue siendo.

Pero la realidad cotidiana parece ir en otra dirección.

Hoy Almagro no es solo un equipo que compite cada fin de semana. Es una institución que alberga a chicos y chicas de distintas edades, que encuentran en el club un espacio de desarrollo deportivo y social. Es fútbol femenino compitiendo en AFA, futsal masculino y femenino creciendo y representando, juveniles e infantiles formándose, disciplinas como el patín destacándose en torneos provinciales, y nuevas actividades como el taekwondo sumándose a la vida institucional. A eso se le agregan áreas culturales que también forman parte del entramado del club.

Todo eso ya existe. No es un proyecto a futuro: es presente.

Entonces, tal vez la discusión no sea si el fútbol deja de ser el eje —porque no lo va a ser— sino si seguimos pensando al club desde un modelo que ya quedó corto. Quizás sea momento de empezar a decir que Almagro es un club con fútbol.

Un club donde el fútbol profesional masculino sigue siendo el motor económico y la principal vidriera, pero no el único lugar donde se construye identidad. Un club donde las demás disciplinas no son “acompañamiento”, sino parte de un proyecto más amplio.

Esto no implica igualar todo artificialmente ni desconocer prioridades. Implica ordenar la mirada. Entender que el crecimiento institucional también pasa por fortalecer y visibilizar lo que ocurre más allá de los 90 minutos del primer equipo.

Ahí aparece otra cuestión: la responsabilidad no es solo dirigencial. También es de los socios e hinchas. Porque si en la tribuna se aplaude, pero la contradicción sigue viva.

Tal vez la deuda pendiente sea justamente esa: reconocer de forma genuina que el club es más que su plantel profesional, y actuar en consecuencia. Darle valor a todas las disciplinas que representan a Almagro dentro y fuera de AFA.

La pregunta, entonces, queda abierta:

¿Queremos seguir siendo un club de fútbol, como nos definimos durante décadas, o estamos dispuestos a asumir lo que ya somos en la práctica: un club con fútbol?

El debate está planteado.